
Hay momentos en los que basta con mirar a los niños jugar, compartir una actividad con sus familias o escuchar a un joven hablar de sus proyectos para recordar por qué hacemos lo que hacemos. En Ecuasol, esos momentos forman parte de nuestra vida cotidiana. Son los que nos recuerdan que, detrás de cada actividad, de cada aprendizaje y de cada pequeño logro, hay algo mucho más importante: la oportunidad de crecer, de descubrir las propias capacidades y de imaginar un futuro diferente.
Durante estos últimos meses, nuestro centro de Tiwinza ha sido, una vez más, un lugar de encuentros, aprendizajes y nuevas experiencias. Hemos compartido con los niños las vacaciones, hemos celebrado con las familias, hemos reconocido sus avances escolares y hemos acompañado a adolescentes y jóvenes que comienzan a abrirse camino con mayor autonomía. También hemos seguido fortaleciendo nuestro trabajo con la comunidad, convencidos de que las oportunidades para la niñez se construyen cuando las familias, los jóvenes y las organizaciones avanzamos en la misma dirección.
Cada una de estas experiencias tiene un valor especial. Nos recuerda que educar no consiste únicamente en acompañar las tareas escolares; significa también escuchar, orientar, alimentar, cuidar, despertar la curiosidad y ofrecer a cada niño un entorno en el que se sienta reconocido y capaz de avanzar. Significa estar presentes, incluso cuando los progresos son pequeños o el camino se vuelve difícil. Porque sabemos que crecer requiere tiempo, confianza y personas dispuestas a acompañar.
En este camino, las familias ocupan un lugar fundamental. Su esfuerzo cotidiano, su compromiso y su confianza son indispensables para que el trabajo de Ecuasol tenga sentido y continuidad. Lo mismo ocurre con los jóvenes que deciden involucrarse en su comunidad, con los voluntarios que ponen sus capacidades al servicio de los demás y con todas las personas que, desde distintos lugares, creen en nuestra misión. Ecuasol es el resultado de ese esfuerzo compartido, de los vínculos que construimos y de la voluntad de no dejar solos a quienes necesitan oportunidades para desarrollar su potencial.
Y mientras seguimos trabajando cada día, comenzamos también a mirar hacia una fecha muy especial: en 2027, Ecuasol cumplirá 25 años de historia. Veinticinco años acompañando a niños, niñas, adolescentes y familias; veinticinco años aprendiendo de nuestro territorio y creciendo junto a él. Una historia que comenzó con un pequeño grupo de niños y que, con el compromiso de muchas personas, se ha convertido en un proyecto colectivo que sigue transformando vidas.
Queremos celebrar este aniversario mirando hacia adelante. Por eso, uno de nuestros grandes desafíos será renovar nuestro centro de Tiwinza, ese lugar que desde 2013 acoge diariamente a nuestros niños y que guarda tantas historias, aprendizajes y recuerdos. Cuidarlo y mejorar sus instalaciones es también cuidar a quienes lo hacen vivir. Queremos que siga siendo un espacio seguro, digno y acogedor, preparado para recibir a las nuevas generaciones y acompañarlas en sus propios caminos. Para conseguirlo, necesitaremos, una vez más, el apoyo y la implicación de quienes creen en Ecuasol y forman parte de esta historia.
Llegar a los 25 años no significa detenernos a mirar lo que hemos hecho. Significa reconocer lo aprendido, agradecer a quienes han caminado a nuestro lado y renovar nuestro compromiso con todo lo que todavía queda por construir. Los desafíos siguen siendo importantes, pero también lo son las capacidades de nuestra comunidad, la fuerza de las familias y el potencial de cada niño y joven que encuentra en Ecuasol un espacio para crecer.
Como directora ejecutiva, me siento profundamente comprometida con esta tarea y agradecida con todas las personas que la hacen posible. Cada muestra de confianza, cada hora de voluntariado, cada aporte y cada gesto de solidaridad contribuyen a que podamos seguir presentes en la vida de nuestros niños.
Los 25 años de Ecuasol serán mucho más que una celebración: serán una oportunidad para reafirmar juntos por qué empezamos, qué hemos construido y hacia dónde queremos ir. La historia de Ecuasol sigue escribiéndose cada día, en nuestro centro, en las familias y en el barrio. Y queremos seguir escribiéndola junto a ustedes, con la misma convicción que nos ha acompañado desde el comienzo: que cada niño merece oportunidades para crecer, desarrollar sus capacidades y construir una vida digna.
Gracias por ser parte de esta historia y por ayudarnos a construir lo que viene.
Paola Pinza, directora de Ecuasol.
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